lunes, 29 de julio de 2019

Pobladores de la tierra


Una vez fuimos nómades,
hijos de la tierra que pisaban 
nuestros pies descalzos.
Fuimos parte del ecosistema,
viviendo en sintonía con todo nuestro entorno.
Una vez fuimos familia, tribu, pueblo.

Nos asentamos,
con la misma templanza que lo hace un árbol,
dejando crecer la vida y acompañándola.
Fuimos depredadores y fuimos presa,
Como parte del ciclo natural.

Y poco a poco arrancamos nuestras propias raíces, cómo hierbas salvajes que no sirven.

Y cambiamos la madera por el ladrillo.
Transformamos la tierra en cemento.
Abandonamos el fuego por la electricidad y el gas.
Dejamos de escuchar las aves, el viento, la melodía improvisada, por ruidos disonantes que ensordecen.
Los paseos se motorizaron con 4 ruedas cubiertas con chapa.
Las noches estrelladas se cubrieron de humos y luces de farolas.
La lluvia pasó de ser una bendición sobre nuestro cuerpo, a una amenaza de la que refugiarse.
Cortamos los árboles que nos alimentaban y cobijaban, porque ocupan terreno edificable.
Sustituimos las celebraciones de los ciclos, los ritos de agradecimiento y las reuniones de comunidad, por las pantallas y las agendas laborales apretadas.
Dejamos de hablar mirándonos a los ojos, por aparatos que disfrazan nuestra comunicación.
El trabajo dejó de ser parte de nosotros para nutrirnos, y pasó a ser parte de los otros para enriquecerse.
El tiempo pasaba libre a su ritmo y lo atrapamos dentro de un reloj que controla su paso con rigidez.
Convertimos las plantas y su sabiduría en mentiras,
el agua dulce en un lujo, 
los abrazos en un hecho esporádico 
y la base de un amor sencillo, sincero y puro en un replanteamiento constante y una lista de cualidades.

Y llegué a la selva,
Conocí los poblados río arriba,
Me adentré en sus casas,
seguí sus ritmos y
reviví lo que una vez fuimos.

Vi el desapego innato a lo material,
la crianza compartida y la confianza en los ojos de unos vecinos que cuidan.
La simplicidad de vivir con los ritmos del sol y la luna,
El sabor de la comida a fuego lento.
Entendí que la palabra pobreza es relativa según los ojos que miran y lo que valoran,
Porque no hay hambre cuando se vive de la naturaleza y cuando la comunidad eres tú y tu eres ellos,
donde familia es un pueblo,
El amor y respeto una bandera.

Y aunque parece que vivimos en mundos diferentes, 
todos habitamos la misma esfera terrestre.

Ganamos mucho y perdimos mucho.

Pero cuando recuerdo lo que fuimos y observo lo que somos,
veo claridad en que ahora sí que podemos elegir,
Porque los que estamos al otro lado del mundo, tenemos el regalo de poder decidir cómo queremos vivir,
Que valores llevar en nuestra mochila y en sintonía a que, queremos caminar.

[Texto: Laura]

martes, 16 de abril de 2019

Navegando el alto Paraguay

El Aquidabán.
Un barco de río,
Más de 30 destinos que esperan paciente su llegada,
Cientos de historias en cada persona,
Y un flujo de vida constante en cada rincón.

Un barco que transporta alimentos a los lugares más recónditos,
Encomiendas de ahorros temporales,
Familiares que viven lejos,
Chanchos, morenitas, muebles, motos, chipá y sacos de harina.
Idas y vueltas vendiendo sustento,
tripulantes que hacen de su casa el río y de su rutina,
atardeceres duplicados por sus intensos reflejos pintados en la orilla.

Lenguas se entrecruzan,
amistades de trayectos,
Conversaciones y silencios envueltos de un húmedo bochorno saciado de tererés helados,
Derritiéndose conforme el barco avanza en su rumbo.

Un barco que navega con su puntualidad relajada pero con llegada segura,
Indígenas intercambian peces por dinero, y dinero por frutas y productos primarios,
Niños que viven la aventura de adultos que van y vienen con su super-vivencia.

La gran vivencia de crear normalidad ante noches de pasillo y pasos,
Pescadores de ventanilla en los urinarios,
Aguardiente y música en la proa del barco,
Creencias chamánicas con matices católicos,
Lavabos multiusos,
Basureros inconscientes por la borda,
Conocidos desconocidos,
Sombras improvisadas,
Soles espléndidos,
Luna y reflejos,
Aves de atardecer,
Guaraní y jacarés,
Vendedores ambulantes que aprovechan por instantes la pasarela que recibe y despide pasajeros,
Noches prontas y despertares tardíos,
Incansables horas de hamacas y banquito,
Cantina a todo gas,
Cerveza y heladeras,
Brisa frescas dando tregua.

Algún que otro llanto,
Carcajadas ebrias,
Y suspiros agotados.
Familias,
Amigos,
Compañeros y solitarios,
Todo sucede en el mismo espacio,
Al mismo tiempo,
Todo sucede de una original y exclusiva
Forma diferente.

Un solo barco de río,
Y miles de historias sucediendo aquí y en cualquier lugar del mundo.

[Texto:Laura]

viernes, 1 de marzo de 2019

Infinitas posibilidades




Viajar es conocer lugares inimaginables.

Viajar es perderse entre paisajes.

Viajar es dentro y fuera de mi.

Viajar es mirar ojos llenos de historias.

Viajar es comer, probar, saborear diferente.

Viajar es escuchar vidas.

Viajar es transmitir impulsos.

Viajar es dar y recibir.

Viajar es tropezar, equivocarse, perderse.

Viajar es resolver, desarrollar, encontrarse.

Viajar es salir de lo cotidiano, de la seguridad ilusoria.

Viajar es fortaleza y crecimiento.

Viajar es aprender, reinventarse.

Viajar es conectar con la verdadera humanidad humilde de quien dá

Viajar es amar lo desconocido.

Viajar es improvisar, flexibilizar.

Viajar es derrumbar pilares, deconstruir creencias.

Viajar es apreciar todo lo que creé cuando no viajaba.

Viajar es añorar, echar de menos.

Viajar es llanto y carcajada.

Viajar es un mundo de infinitas posibilidades. 



 [Texto: Laura]

31 días en ruta


Un mes desde que subimos a ese avión con destino a Buenos Aires.
Ese avión que abría la puerta a la realización de un viaje que tantas veces hemos proyectado, imaginado y soñado despiertas.Un viaje a la América del Sur, a la naturaleza salvaje y agreste, un viaje hacia nuestro interior.
Hace un mes que pusimos los pies en ruta y como dicen aquí "andamos paseando".

Un mes para empezar a ver con la mirada más clara que la realización de un sueño no es más que ponerse en marcha.
Reencuentros con nuestro interior en los que surgen miedos, resistencias e inseguridades de la mano de alegrías simples, una serenidad desbordante y un fluir acorde al ritmo natural.
31 días en los que ya hemos podido saborear la deliciosa compañía de personas con grandes corazones donde nos han ofrecido todo y abrazado como parte de su familia.
Una humildad grandiosa que nos muestra la verdadera esencia de ser humanos y una naturaleza majestuosa que nos deja sin aliento por su belleza única.
Celebrando el cumple mes en ruta hacia el "Fin del Mundo" (Ushuaia).

Pd: escrito desde la gasolinera YPF (nuestra red wifi de confianza).


[Texto: Laura]